Nuestra historia


A finales del siglo XIX abre sus puertas en la calle Sierpes ésta confitería conocida como Granja Victoria. Tuvieron que pasar unas décadas para que adquiriera de nombre el apellido de su fundador, D. Rafael Ochoa Vila, que hoy es el apellido de la tradición confitera en Sevilla. 

Entre sus paredes y con los productos artesanales como testigos, Ochoa ha acompañado el devenir de los sevillanos, como punto de encuentro y tertulia de generación en generación.


Y es que Ochoa ha ido de la mano de la historia de Sevilla para formar parte de ella. Pronto se convirtió en el emblema de las pastelerías sevillanas, tanto dentro, como fuera de la ciudad, estatus que hoy conserva en la memoria colectiva de los ciudadanos.